Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta

Juan Arias

Por Juan Macedo

 

El primer sábado de mayo de cada año siempre traerá consi­go el recuerdo de una hazaña alcanzada por un mínimo grupo de venezolanos que se fueron con el mote de locos y regresa­ron coronados con el titulo de héroes. Uno de ellos es Juan Arias que nació el 6 de mayo de 1938 en Marín, Estado Yaracuy. Su padre se llamaba Eustacio Arias y su madre Urbana de Arias, que el 5 de octubre de 1945 decidieron probar suerte en la Capital.

 

Desde pequeño Don Juan sintió la afición por los caballos a pesar que soñaba con ser aviador militar. En esa época salía de su casa con el pretexto de que iba a jugar con los amigos. Desde luego se dirigía al desaparecido Hipódromo Nacional El Paraíso, allí se montaba en los árboles para poder apreciar el desarrollo de las carreras. En muchas oportunidades debía bajar presuroso debido a que los policías le instaban a ello, para desaparecer del lugar a toda carrera, pero feliz de lograr su propósito.

 

La primera vez que entró al hipódromo fue en compañía del entrenador Julián Cadore y posteriormente con Manuel Suárez. Ellos lo llevaban a sus respectivas cuadras y de allí creció su afición por llegar a ser entrenador de purasangres de carrera.

 

Para 1955 ingresó a la escuela de entrenadores, inició su aprendizaje con Manuel Suárez, posteriormente pasó a la cuadra de Juan Pablo Miño. Finalizó su periodo de aprendizaje con el Teniente Coronel Roque Yoris (que además de enseñarle las artes del entrenamiento le regaló una yegua llamada Fusa, hija de Fierabrás) y José Rosendo Fernández. Para el mes de agosto de 1959 comenzó su carrera como entrenador figurando cuarto con su yegua Fusa y posteriormente el Sr. Guillermo Schaell le confió los primeros caballos para que los entrenara. Estos eran Atahualpa, Macapita, Pámpano y Doña Laura. Con el primero de los nombrados obtiene su primer triunfo con el jinete Rogelio Cortez.

 

Durante la década de los sesenta pasaron por sus manos buenos corredores como el campeón Díscomo, las selectivas Melody y Pata Pata, los excelentes ganadores Boldisco, Better Crimson y Tolete.

 

El propietario Pedro Baptista adquirió a seis productos que venían de Estados Unidos vendidos por Luis Navas, entonces los compró todos. Vendió cuatro y se quedó con Cañonero y Comenvé que a mediados de septiembre de 1969 entraron en la cuadra de Don Juan. Cañonero era un yearling de 16 meses de edad y estaba un poco falto de osificación y comenzó su etapa de doma en la pista pequeña lo que es hoy la cuadra de Juan Carlos Ávila. No fue sino hasta Junio de 1970 cuando realiza su primer trabajo, pasó los 400 en 24”3.

 

Realizó su debut victorioso en Agosto de ese año y de una vez Don Pedro le dijo "Arregla tu pasaporte y tus maletas, porque nos vamos a correr en Del Mar, California". Esa era una carrera llamada Del Mar Futurity a la cual estaba nominado desde el vientre y para la cual había sido ratificado, en ese entonces de un excelente premio; viajaron a finales de Agosto y corrieron dos ca­rreras contra los mejores potros de California figurando 3° y en el Clásico 5°. De regreso a Venezuela se mantuvo invicto durante tres presentaciones antes del Clásico Gobernador del Distrito Federal, donde llegó último.

 

Cumplió una buena campaña en Venezuela y fue llevado a Norteamérica, para correrlo en el Kentucky Derby. Al llegar a Churchill Downs estaba deshidratado por lo tortuoso de su viaje. Lo dedicó a galopar y brisear, realizando un trabajo de 1000 en 67”. Los que si se burlaban eran los “tomatiempos” pero el ejemplar tenía las mismas herraduras de hierro bien pesadas con las que había salido de Venezuela. El día de la carrera las instrucciones que llevó Gustavo Ávila era que no tomara la baranda y evitara los tropiezos. El resultado todos lo conocemos.

 

La prensa norteamericana consideraba ese triunfo como un golpe de suerte. Para el Preakness Stakes la pista había sido aligerada desde la cuarta línea hasta la baranda, lugar por donde se suponía debían pasar los sprinters. Por allí corrió Cañonero y ganó en tiempo récord.

 

Cuando Cañonero fue trasladado a Belmont Park, Juan Arias recibía una distinción por demás honrosa, ya que el Gobernador de Maryland le confirió el título de Ciudadano Honorario del Estado de Maryland. Estuvo completamente seguro de obtener la Triple Corona hasta la semana del Belmont Stakes cuando al ver el estado del casco de Cañonero se resigne y dijo "no tenemos chance". Quería retirarlo pero Don Pedro le pidió que hiciera un gran trabajo y así fue, lo curaron en 3 días y corrieron lo que para Don Juan fue su mejor carrera pero Cañonero no estaba en condi­ciones.

 

Durante su estadía en Norteamérica ganó 27 carreras (menos de un año). Cuenta que como no sabía hablar inglés, pasó más de una semana comiendo huevos con jamón. Un día la muchacha que atiende el lugar le preguntó porque comía tantos huevos con jamón. Le respondió que era porque no hablaba el idioma y gracias a esa muchacha fue que pudo comer bien.

 

Después que Riva Ridge ganó el Derby de 1972, se realizó una fiesta en honor al cumpleaños de Juan, esta fiesta se llevó a cabo en el Holiday Inn en el Downtown y los anfitriones eran varios propietarios y periodistas. Posteriormente los criadores de Louisville también rindieron su homenaje a Juan. Por cierto Juan Arias y Gustavo Ávila volverían a intervenir en el Derby del '72 pero esta vez no estaban en yunta, ya que Ávila mon­to a Pacallo y Juan Arias presentó a Hassi's Image que llego en el 11°.

 

Con ese ejemplar (Hassi's Image) ganó varias carreras y en Thistledown en el Derby de Ohio se le fracturó y hubo de ser sacri­ficado, aquello le entristeció muchísimo, no quería saber de nada, luego se fue a Canadá allá también entrenó purasangres y después estuvo en Nueva York, para regresar a Venezuela con su esposa.

 

Continuó como entrenador y a pesar del poco apoyo, destacó por intermedio de sus pupilos Demencia, Rite Dancer, Bouquet y Preferido, con el que ganó su última selectiva, la Copa Hypocrite de 1998, con Germán González. No se ha retirado formalmente, aunque en la actualidad funge como Comisario en La Rinconada.

 

Una de las anécdotas fue sobre un cheque que le enviaron a los pocos años de Estados Unidos en agradecimiento al enorme margen de ganancias que les brindaron a todos los vendedores de comida rápi­da y bebidas el día del Belmont Stakes con aquel impresionante récord de asistencia que tardó 28 años para ser superado.

 

Es justo reconocer todos sus méritos porque los ha logrado a base de constancia, dedicación y sacrificio. Aún existe en el recinto de ganadores de La Rinconada, una placa que habla de la grandeza de Juan Arias, Gustavo Ávila y Cañonero, pues sin duda alguna ha sido una de las glorias más importantes de nuestro deporte nacional.

 

Fuentes: Dr. Julio César Fuentes, Lic. César Augusto Rivero, Sr. Abraham Aldana

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, jueves 21 de junio de 2007

Copyright 2000, Anécdotas Hípicas Venezolanas C.A. Todos los derechos reservados