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Anécdotas Hípicas
Venezolanas presenta: | |||||
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“El Maestro”
Millard Faris Ziadie | |||||
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Por Juan Macedo | |||||
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Apenas cumplía seis años cuando veía las
carreras de purasangre por TV en el regazo de mi padre, cuando tuve
conciencia de la grandeza de Don Millard
Faris Ziadie.
Muchas fueron las carreras que vi ganar gracias a la genialidad de “El
Maestro” y muchos los campeones que fueron consentidos por la mano del
“Musiú”, claro, ¡ninguno como su gran
consentida Gelinotte!.
Por eso pienso que escribir sobre la vida profesional del Don Millard no debe basarse en sólo fríos números y récords que están a la vista, sino también en todo un
sin fin de anécdotas y particularidades que estaban sujetas a tan singular
personaje, una verdadera leyenda en toda la extensión de la
palabra. |
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Fue un 25 de diciembre de 1919, día de
Navidad, cuando nació en Kingston, Jamaica, Millard Faris Ziadie. Ocurrió en el año de 1919. Su niñez
transcurrió alrededor de los purasangres ya que su padre era un destacado
criador y entrenador de caballos de carreras, que deseaba profundamente
que fuera médico, pero más fuerte fue la pasión de la hípica que la
escuela y los libros, y esa fue la razón por la cual Millard no pasó de la educación
elemental. | |||||
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A pesar de la oposición de su padre para que
incursionara en el medio, ingresó a la profesión del entrenamiento. Sus
inicios fueron difíciles y estuvo a punto de abandonar, pero perseveró en
su meta y después de más diez años fue que logró su primera estadística el
año 1945, logro que repitió cinco veces más de manera consecutiva. Además
entrenó al Triple coronado Mark Twain y los campeones Blue Streak y Zackie Eldeen. | |||||
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Cuenta la historia que Don Carlos Márquez
Mármol contrató los servicios de Don Millard
para manejar su cuadra por casa y comida, 300 bolívares de sueldo mensual
y el 15% de los premios obtenidos por los ejemplares bajo su
entrenamiento. El trato se realizó y “El Musiú”
se muda a Venezuela en julio de
1951. Y es el sábado 6 de
octubre de 1951, en la cuarta carrera del programa, por el Premio
"Rafael García Cedeño", en distancia de
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Su primer clásico fue el 23 de marzo de 1952
con “ | |||||
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Historias como
estas, además de su golpeado español que aprendió con las personas que
pasaba la mayoría del tiempo, que eran los jinetes y los peones, hizo que
se ganara una fama de “loco”, algo de lo que nunca renegó y al
final, todo genio siempre tiene algo de loco, y Don Millard era todo un genio en el entrenamiento del
purasangre de carreras. Y es que rayaba en lo asombroso ver como
ejemplares geniosos, rotos, locos, que con otros entrenadores no
justificaban la inversión, Don Millard aplicaba
sus particulares técnicas. Y entonces veíamos a los sprintes triunfando en
largo, los lesionados corriendo seguido y ganando, y a los locos corriendo
derechito... Parecía que le temían. | |||||
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Ya el "Rey del
Melón", bautizado así por Francisco “Pancho” Casanova, comenzó
una carrera plagada de éxitos que, a lo largo de varias temporadas lo llevaron a
ocupar un sitial preponderante, a pesar que tuvo que enfrentar a personas
que lo acusaban de dopador y “guisador” para que
le revocaran la matricula de entrenador, todo porque “El Musiú” ganaba carreras a un ritmo arrasador, pero a
tales comentarios salieron otros profesionales, entre ellos el difunto
Domingo Noguera Mora, quienes echaron por tierra esos alegatos.
Millard, dicharachero, bonachón y humilde,
mantuvo durante su excelente ejecutoria el don del personaje más popular
del espectáculo hípico, amén del matiz que imprimía a cada una de sus
conquistas comunes, especiales y clásicas. Toda la programación clásica
estuvo a su disposición, en poder de un hombre que amó, por sobre todas
las cosas, al caballo de carrera, sin excluir, por supuesto, al
humano. | |||||
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Gana las
estadísticas de 1954, 57 y 58, pero es deportado por tener relación con el
General Marcos Pérez Jiménez (cuentan que un entrenador,
envidioso, al caer la dictadura, acusó a Don Millard de acólito incondicional del dictador. Su
respuesta: "es cierto de lo se me acusa, yo fui ministro de la
defensa, y el entrenador que me acusa era mi Comandante General de
Guarniciones"), pero privó el
criterio de los nuevos dirigentes y retornó al país para continuar su
saga, una de ellas fue ganar el último clásico en el óvalo “El Paraíso”
(Fuerzas Terrestres) con la argentina Manisa para continuar su racha triunfando en el
primer clásico escenificado en “ | |||||
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Cuando se llevaron a Petare a USA, fue
imposible llevarlo a Tropical Park porque
no había finalizado la cuarentena. Decidió traquearlo en la pista del
aeropuerto de Miami y citó a Justo Torres el lunes, martes y
miércoles a las 5 AM para la faena. Ya el jueves estaba en Tropical Park donde trabajó |
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El domingo 7 de febrero de 1960 se presentó el
primer empate clásico en el primer lugar y claro, estuvo involucrado Don
Millard; el jamaiquino inscribió en la prueba a
dos de sus yeguas, ellas eran las argentinas Calirroe y Macarapana,. A la
primera la montó Gustavo Ávila y la segunda fue conducida
Teófilo Tosta. La historia fue que ambas
yeguas arribaron niveladas en la primera posición de la carrera, prueba
que se denominó “Clásico Radio y Televisión” en recorrido de
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Como no recordar
que por mucho tiempo “El Musiú” herró a sus
animales, hasta que decidió importar desde su Jamaica a su especial amigo:
Jimmy El Herrero, quien durante
años adquirió gran
popularidad en | |||||
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Una vez el
propietario de Conoto le preguntó: “Millard,
cómo es posible que usted inscriba a Conoto en carrera de
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Cuentan que los
Sres. Julio Pocaterra y Julián Abdala (del Stud Sin
Ruido), adquirieron en Argentina un caballo llamado Snow Man, con
el único propósito de ganar el Clásico Simón Bolívar. Para la
época, el animal fue inscrito en tan magna carrera y arribó en al ultima
posición. Los dueños del ejemplar acudieron a la caballeriza en procura de
una explicación por tan rotundo fracaso. La respuesta de Millard Ziadie fue genial:
"Yo no hablar idioma caballa, yo hablar inglés y español,
pregúntenle a la caballa por qué fracaso". El día siguiente
el "Sin Ruido" fue mudado íntegramente para otra
caballeriza. | |||||
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Marco record de carreras ganadas en una sola
temporada con 168 (1968) el cual mantuvo hasta 1997 cuando Antonio
Sano acumuló 216 victorias fijando nueva marca. Y repite la estadística en
1969 con 120 éxitos. | |||||
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En una de esas oportunidades, un propietario
sumamente enojado, porque Millard Ziadie montó a Teofilo Tosta
en un ejemplar de su propiedad en un clásico le dijo: "¿por qué usted no responsabilizó a Gustavo Ávila o a
Balsamino Moreira en el sillín de mi caballo, y
en cambio monta a un jockey tan modesto como Teofilo Tosta". Su respuesta: "Yo jamás me he preocupado
por saber quien gerencia sus empresas. Su caballa va a ganar esa carrera y
le ruego que enseguida busque un nuevo entrenador". El
ejemplar salió airoso y se quedó en la cuadra de Millard, porque el propietario lo abordó con mucho
talento: "Millard, cuando usted lo crea
conveniente, encárguese de mis empresas". | |||||
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Se acercaba el Clásico Simón Bolívar de
1970 y Don Millard tenía en su cuadra a un
caballo argentino pequeño, ganador de apenas una carrera, dando tumbos en
los lotes inferiores llamado Paunero y
decidió inscribirlo en dicho clásico. Lo tildaron de loco (al igual
que en muchas ocasiones). Le dijo a Adone Bellardi: “corra entre los últimos, pegado a
baranda, no regale terreno, en los |
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En 1973 obtiene su
novena estadística con 125 triunfos y el 19 de enero de 1974 llega a la
victoria número 2000, lo hizo con la inolvidable Tessa. En esa época, cuenta el Sr. Mario Cardozo, que caminaba en compañía del reportero
gráfico Trino Garriga por el sendero que une las
tribunas de traqueos y observó que Millard Ziadie venía en carrera. Se detenía, miraba hacia
atrás, titubeaba y continuaba corriendo. Cuando lo tuvimos cerca se detuvo
el tiempo suficiente para preguntarle: ¿qué pasa Millard?. Sin dejar de
voltear alcanzó a decir, con voz jadeante: "es que Manuelita tiene
un culebra". Metros atrás vimos la figura de Manuel Azpúrua Sosa. Lógicamente su físico no le permitía
seguir el tren de carrera de "El Musiú" pero
trotaba en compañía de su pequeño hijo en persecución de Don Millard que le llevaba ventaja insuperable, riendo a
carcajadas mostró una culebra de goma que llevaba en su mano derecha,
agregando que Millard le temía a los ofidios.
También nos contó que
paralelamente "El Maestro" practicó el deporte. Fue sobresaliente jugador
de paleta en el hotel "Tamanaco" donde diariamente participaba en varias
partidas. Con toda seguridad en su natal Jamaica jugó al cricket. Lo decimos por su forma de batear en aquellos
torneos de sofbol que por varios años organizó
el Círculo de Periodistas Hípicos de Venezuela, Ziadie era invitado permanente. Se hizo pitcher
ganador y bateador de poder. Una vez lo tuvimos de rival y envió un pitcheo nuestro a una de las torres de alumbrado del
estadio de softball de | |||||
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Esta anécdota que
en su momento contó Don Francisco Morales sucedió a mediados de los
70, cuando un jockey aprendiz que iba a su tercera carrera, se encontraba
preso de miedo y se desesperaba, orando en silencio, para que el señor
juez apretara el timbre y se produjera el sonido indicador de la salida,
¿cuándo empieza esta vaina? se preguntaba. Era el pánico, el nombre
de la enfermedad que sufría momentáneamente. Hasta que ¡al fin! el tañido
le traspasó el tímpano. El salto del altísimo ejemplar lo sorprendió y
apenas tuvo tiempo para levantarse unos dos o tres centímetros de la
cabalgadura y un amasijo de animales a su izquierda, otros dos por la
derecha, le provocaron sacar los pies de los estribos. A pesar de todo el
noble bruto no se amilanaba y continuaba avanzando con fuerza
insospechada, olvidando que arriba cargaba la simulación de un títere.
Pasaba al cuarto, justo cuando se aproximaba el primer codo. Ya enfilaba
hacia la curva y, ¡de repente!, el muchacho se movió en sentido contrario
al que normalmente hacen los conocedores del oficio, abriéndose a más de
media cancha, el control se iba al demonio, al mismo sitio donde lo
mandaba, desde la tribuna, el apostador que seguía las incidencias
milimetradas a través de los lentes del binóculo. ¡Se perdió! sentenció el
entrenador que era nuestro inefable Don Millard,
que había tenido la osadía de confiarle el equino a un verdadero aprendiz.
Sin embargo, la castaña proseguía en su empeño aunque muy abierta, como
por décima línea. El jovencito intentó pegarle, olvidando también que el
látigo no existía. Arreó, se estiró como buscando acostarse en el cuello y
llegó a ver que unos cuantos rivales, seis tal vez, estaban delante de él,
no se detuvo y agitó los brazos con rapidez dándole movimiento a las
riendas como por inercia. Y ante el asombro de todos, incluyendo al
derrotado entrenador, la atropellada fue tan fuerte, tan propia del animal
que igualó en propia raya al puntero. Aun cuando nadie comprendía, cómo
había terminado adosado a la baranda. Empate momentáneo colocó en la
pizarra el juez de llegada. El muchachito, dirigió la mirada hacia donde
aparecía el orden de llegada y observó que el número 12 estaba involucrado
en el primer lugar, en la victoria. Dudando chequeó para comprobar si el
12 era su yegua. Se dijo entonces: "por lo menos llegué segundo". Y el
juez se había equivocado, no cabía de emoción, tampoco entendía cómo había
podido ganar la carrera luego de tantas incorrecciones. Hasta que llegó a
convencerse ¡qué buena debe ser esta yegua, un crack! Después de la foto,
Don Millard se limitó a señalarle que más tarde
hablaría con él. Una hora después el joven le pregunta: “Don Millard, aquí estoy para escuchar todo lo que usted
quiera hablar conmigo”, rectificando “El Musiú”
le dice “Mejor, te espero mañana en la cuadra”. Y el
muchacho apareció bien tempranito en el famoso establo. Lo que si no
esperaba, jamás, eran las palabras del sabio de Jamaica: “Yo
mandarte a llamar por quererte decir algo muy delicado, pero conveniente
para ti. Retírate, no vuelvas a montar caballos porque si lo haces te vas
a matar. Vale más tu vida muchacho, hazme caso” le imploró el más
grande entrenador venido a Venezuela en cualquier tiempo. Obedeció el
aprendiz, se retiró del oficio Cristo León, que así se
llamaba. | |||||
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En 1977 consiguió
su décima y última estadística, superando al también singular y
carismático Raúl Payares con 99 triunfos. Pero Don Millard había dejado de ganar carreras el 8 de abril
de 1978, cuando impuso a Borcaje y tras
más de 125 intentos sin poder ganar, logró 2 victorias seguidas el sábado
3 de junio con Condesa y Bala Roja, para volver a caer en
mal momento y dejar de ganar con más de 50 inscritos, hasta que logró el
triunfo el 1° de julio de 1978 con su pensionista El Príncipe,
razón por la cual se lanzó a la pista, en otro de sus acostumbrados shows del famoso entrenador jamaiquino, a arrodillarse
ante el espejo de llegada del hipódromo | |||||
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En una entrevista que le hizo Don José
Rafael Ball, le mencionó que, en su
concepto, los mejores jinetes fueron –los extranjeros- Juan Araya, Raúl Bustamante y Balsamino Moreira. De los fustas
venezolanos, sin dudar colocó en este orden su elección: Gustavo Avila “el mejor, con él los caballos corrían
solos”, luego Juan V. Tovar, Angel F. Parra
y Douglas Valiente. El mejor
ejemplar que entrenó en El Paraíso:
Senegal y después Petare. Su mejor yegua: Red Peak. Sin embargo acotó que Gelinotte fue mejor que “todos los
importados juntos”. Entre sus aprendices destacó, en la
entrevista citada (1986), a Daniel Pérez, Antonio Bellardi y Giovanni Contini. Lógicamente el pupilo Miled era aún cachorro correteando por la
cuadra. Pero como hijo de gato caza ratón, éste seguramente aprendió
de él hasta la brujería jamaiquina. Llegó a su victoria
3.000 con la yegua Rivial, montada por
Juan Vicente Tovar, el día 29 de octubre de
1988. |
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Ya al final de su
vida profesional como entrenador, siguió plagada se singulares
coincidencias, como la del noble Tapir, el ejemplar que debutó el
21 de marzo de 1996 bajo el entrenamiento de Don Millard y que nada demostró, llegó penúltimo.
Posteriormente mejoró sus condiciones "comiendo mucho melón" y logró ganar
hasta tres carreras. Pero en 1997 llegó la hora del retiro del "Musiú" y los primeros pasos de su hijo Miled, quien precisamente con Tapir se inició en el
medio y obtuvo su primer triunfo. Años después, en el 2001 el propio Miled no fue capaz de encontrar palabras para
describir lo que sintió al ganar la carrera que sirve como homenaje a su
padre con el ejemplar Al Borak, lo que
seguramente la magia de ese momento lo acompañará por toda su vida. Un año
después, el mismo Al Borak ganó
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Y aunque diga el refrán que “nadie es profeta
en su tierra”, en Caymanas Park, Jamaica, se corre todos los años a
mediados del mes de enero | |||||
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El miércoles 19 de mayo del 2004,
aproximadamente a las 9:00 PM recibí una llamada del Ing. Wadih Abouhamad informándome tan lamentable noticia y
destacando que la hora de su defunción fue a las 7:30 PM. En ese momento
pensé que muy poco le
habíamos cancelado a Don Millard respecto a la
deuda que el hipismo venezolano tiene por todos los años de
profesionalidad que dedicó, comenzando por sus éxitos indiscutibles, la
honestidad, la enseñanza sin egoísmos para sus alumnos y su don de buena
gente. Pero para mi “El Musiú” no ha
muerto, está vivo dentro de todos los corazones hípicos, sencillamente
se mudó a otra morada más lejana, pero más confortable,
seguramente
entrenando a los mejores purasangres de |
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Fuentes:
Sr.
Francisco Morales, Sr. Roberto Casanova, Sr. José Rafael Ball, Sr. Jaime Casas, Ing. Wadih Abouhamad, Sr. Mario
Cardozo, Revista Gaceta Hípica, Revista
Hipódromo, Revista | |||||
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Anécdotas Hípicas
Venezolanas, jueves 20 de Mayo de
2004 | |||||
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