Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta

José Ruperto Becerra

Por Juan Macedo

 

José Ruperto Becerra, el popularmente llamado “Risita” en el medio hípico venezolano, nació el 9 de septiembre de 1920 en la ciudad de Santiago de Chile. No fue sino hasta 1936 cuando un amigo, que detalló que sus características físicas (un metro, treinta y ocho centímetros y apenas 43 Kgs.) correspondían a la de un jockey y le asomó la idea.

 

El aquel entonces joven “Risita”, que sentía cierta pasión por las carreras de purasangre, le gustó la idea y fue entonces cuando conoció a Carlos Rodríguez Silva, propietario y entrenador, que le dio la oportunidad como caballerizo. A medida que pasaba el tiempo, mientras cumplía sus funciones laborales, aprovechaba para galopar caballos y no fue sino hasta dos años después cuando su patrón le preguntó si se atrevía a correr en una prueba pública, y la respuesta no se hizo esperar.

 

Y así, un día de 1938 José Ruperto vio inscrito su nombre en un programa oficial para conducir a Linajudo, en 1200 metros, y lo hizo de manera triunfante. Las oportunidades de monta se repitieron y por  supuesto las buenas actuaciones, ya que se esmeraba en cada una de ellas. Tres años después logró completar las 60 victorias y así obtener el grado de profesional.

 

Ya para 1945, decide marcharse hacia Buenos Aires sin contrato alguno, pero con la confianza de que no vería dificultades, y se instaló con su colega Francisco Irigoyen. Debutó el 30 de septiembre de 1945 en el Hipódromo de Palermo y, como se hizo costumbre, lo hizo triunfalmente sobre el caballo Sans Argent. Y como sucedió en su tierra natal, se repitieron las oportunidades y las actuaciones sobresalientes, tanto en Palermo como en San Isidro, donde también debutó ganando con el ejemplar Tinajón. Se enfrentó de tú a tú con los “monstruos” de la época, como Irineo Leguisamo, Di Tomasso, Elías Antunez, etc.

 

Un buen día de 1947 fue cuando el destino lo trajo a Venezuela. Inicialmente José Ruperto estaba casi listo para viajar a Brasil, cuando Francisco Irigoyen -que había recibido una oferta del Sr. José Antonio Vivas- le ofreció un “trueque”: Brasil por Venezuela, y Becerrita aceptó. Pocos días antes de viajar, recibió un contrato de Manuel Fonseca, del Stud Los Pinos, definitivamente el mundo es pequeño. A la semana ya estaba hospedado en la pensión Curazao, de Reducto a Glorieta, donde pagaría 286 bolívares mensuales.

 

Y su debut, en El Paraíso, se registro el 23 de febrero de 1947. Condujo a Orlando, en la milla, arribando quinto de Centauro, conducido por León Padilla. Esta carrera, dicho sea de paso, se disputó en la reunión que cerró la llamada temporada extraordinaria.

 

No necesito mucho tiempo para ganar su primera carrera, fue el 5 de abril con el ejemplar Juaniquillo propiedad de Héctor Anguita en 1200 metros. Y como es de conocimiento de los hípicos de Antaño, ganó la estadística de jinetes de de esa temporada 1947 con 35 triunfos, superando al también chileno “El Pájaro” Héctor Revello por dos victorias, además de obtener su primer triunfo selectivo en el Clásico Clausura con Impulsivo del Sr. Rafael Barboza. Se le recuerda sus éxitos con Cloudy y Apronto de Ángelo Calafa, los que fueron preparados por Rafael Peraza Alemán.

 

A los seis años de llegar a Venezuela optó por tomarse unas “vacaciones” y las disfrutó por un tiempo, que dedicó a madurar la idea de probar suerte como entrenador de purasangres. Nicolarca fue el primer ejemplar en presentar en su nueva profesión, inscribiéndolo para una carrera de 1400 metros y desde ese momento se mantuvo como tal, alternándola con la de jinete, la que retomó a comienzos de 1959 para “ver como andaba la suerte”, en tanto que los ejemplares que preparaba eran montados por Raúl Bustamante, Juan Eduardo Cruz y Mario Valencia entre otros.

 

Se mantuvo en la profesión de jinete en La Rinconada ganando carreras, mientras que cono preparador alternó algunas veces con el Hipódromo La Limpia, donde logró triunfar en el Clásico Rafael Urdaneta con el ejemplar Moro, conducido por Jesús Pirela. Ya para 1969 decide su retiro como jinete y su última carrera fue con Solares, propiedad de Don Julio Pocaterra, con el que figuró en el segundo lugar. Decisión que toma porque estaba pasado de peso y para dedicarse de lleno a su profesión como entrenador. En ese ínterin llegó a tener buenos ejemplares, del que destaca el argentino Los Guitarreros (propiedad del Teniente José Luis Fernández), con el cual acarició el anhelo de ganar el Clásico Simón Bolívar de 1972. Como anécdota, pero no para los registros de la historia, quedará su participación en el Clásico de Las Américas de 1969, donde le hizo el “quite” a Don Antonio Jacial (que tuvo que viajar de urgencia a su natal Chile) e inscribió al campeón criollo Canelo en ese clásico contra los importados, dando la gratísima sorpresa a propios y extraños en una carrera para la historia.

 

Se retiró de estas funciones el 30 de abril de 1974, cuando la suerte no estaba ya de su lado y acogió el plan de jubilación del INH. Desde ese entonces visitó esporádicamente el Hipódromo y mantenía su “pasión burrera” gracias a las transmisiones televisivas. Casado con Morella León, de la cual nacieron José Reinaldo, Oscar Alfonso, Harold Antonio y Gabriela. Don José Ruperto Becerra siempre fue un hombre de presencia refrescante, lo de él eran risas, sonrisas y carcajadas. Cualquiera que andaba de mal humor y se encontraba con “Risita” se contagiaba de su buen humor

 

Un domingo, día de carreras, el 15 de junio del 2003 dejó de existir Don José Ruperto Becerra, que ganando o perdiendo; aplaudido o pitado por los aficionados, a José Ruperto nunca le abandonó su eterna y contagiosa sonrisa. Así fue Becerra el jinete y así fue Becerra el Entrenador.

 

Fuentes: José Rafael Ball, Salomón Escalona, Rafael Fuentes P.