Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta:
Raúl Bustamante
Por Juan Macedo

En el mundo deportivo, sea cual fuere la disciplina, suele decirse que las comparaciones son odiosas, inconvenientes, desajustadas y, a veces, extemporáneas. Pero, en el tema que nos ocupa, no se precipita hacia el vacío. Hace unos años, cuando se introdujo en Venezuela la llamada escuela chilena, con su puerta de entrada en el Hipódromo de El Paraíso, los látigos venidos del sur (Chile, Perú, Ecuador y Argentina especialmente) ejercieron dominio e impusieron su mayor ejecutoria sobre los principiantes jockeys nativos. Los sureños conocían ya la influencia del filete o freno en el puro de carrera, determinando que una parte del freno, conocida como bocado, modificaba y mejoraba la conducta en carrera de cada ejemplar. Por otra parte, manejaban a placer los importantes estribos adaptando el estilo señalado como "estribo a una cuarta", que no era otra cosa que estribar corto en contraparte con la forma larga que comúnmente se utilizaba en el hipismo europeo. Finalmente, sabían de las ventajas que significaba el cambio de foete de una mano a otra en su momento oportuno, apilarse para evitar hacer resistencia al viento, amén de algunos secretos y triquiñuelas válidas sobre el estratégico sillón. Cada uno de ellos llegó con un título de profesor, destinado a reforzar la escuela.

Bajo ese tipo de enseñanza, Raúl Bustamante, "hizo su agosto" en un medio considerado para la época como incipiente. Raúl Bustamante nació en San Francisco de Mostazal, en Rancagua, Chile, el 23 de julio de 1923. Su padre era administrador del fundo "La Samuelina" en Rancaguas. Apenas era un adolescente (allá por el año 1941) cuando un caballero de nombre Manuel González, propietario de caballos de carrera, al verlo montar sobre un noble bruto en las Ferias de Rancaguas, además de su bajo tamaño y peso le propuso llevarlo a Santiago para ejercer de jockey. Sus ímpetus juveniles le hicieron aceptar inmediataente y, a pesar de que no contó con la aprobación paterna, viajó con él a la Capital y lo puso a las ordenes del trainer Don Orlando Silva, quien le consiguió la matrícula. Unos seis meses después le dio su primera monta oficial con el ejemplar Kerke Fleur con el cual figuro cuarto. La semana siguiente le dio nuevamente la monta de Kerke Fleur y de Clematide. Con la primera ganó en empate con Campesina (montada por el magnífico jockey Manuel Quezada "El León de Chile". Clematide le dio la satisfacción de su primer doblete, el cual fue presagio para seguir triunfando de dos a tres carreras por reunión.

Fueron suficientes cinco meses y medio de actuación para alcanzar las 40 carreras necesarias para el título como profesional. Fue a Perú contratado por el Jockey Club del Perú al Hipódromo de San Felipe durante el año 1947. Actuó efectivamente durante los años 47 y 48, triunfando en La Polla de Potrancas de 1948 con Danaide del stud Victoria, además de perder la estadística de verano por una carrera con el recordado Walter Carrión. Al sufrir un castigo de 15 reuniones en Perú, retornó a su país de origen.

Del año 1947 en Perú: Alfonso Carbonell, Raúl Bustamante y Luis Alberto Díaz

Para 1949 el inolvidable Henrique Otero Vizcarrondo, quien había viajado a Santiago a comprar purasangres, lo contrató por seis meses para que corra sus ejemplares. También, en ese viaje, contrató los servicios del entrenador Julio Castro Ruiz, el famoso "Mariscal". El contrato consistió en 10% de los premios, 800 bolívares mensuales y se instaló en la quinta El Rosario, frente al hipódromo de El Paraíso. Ya en tierra venezolana, Bustamante no se sintió muy agradado, pues durante el trayecto del aeropuerto por la carretera vieja de La Guaira, se cayó del camión el ejemplar Brickdust, que venía junto a Mahometano, Sud Oscuro, Vijuca y otros caballos.

En la patria del gran Mariscal Simón Bolívar, la unión de jinetes es muy fuerte, no permite fácilmente la actuación de extranjeros. Después de dos meses de gestiones y considerando que el señor Otero Vizcarrondo era propietario del prestigioso diario "El Nacional" le permitieron correr. Así debutó en nuestro país el sábado 2 de abril de 1949 conduciendo a Pelure D’oignon, quedando cuarto. Posteriormente obtiene su primer triunfo el 19 de abril con el campeón chileno Sud Oscuro.

De Izquiera a Derecha: Gustavo Avila, Douglas Valiente, Walter Carrión y Raúl Bustamante

Menos mal que eran seis meses el contrato. Ganó las estadísticas de 1952, 53 y 54 (Incluso, en 1955 estaba punteando la estadística, pero al asistir a Estados Unidos para montar a El Chama, se quedó algunas semanas y perdió terreno para quedar segundo), todos los clásicos del calendario de carreras de la época, más de 2000 triunfos entre Chile, Perú y Venezuela, además de cuatro triunfos en el Gran Premio Clásico Simón Bolívar por intermedio de Hylander (1951), Los Altos (1953), Carril (1954) y Senegal (1956). Su campaña en Venezuela es historia: 1113 triunfos en un total de 6494 triunfos, incluyendo 35 triunfos clásicos. Dos serias lesiones ha sufrido Don Raúl en su profesión: Fractura de la corona del húmero, por lo cual estuvo enyesado durante tres meses con un yeso que pesaba 34 kilos; y fisura del cráneo.

También se le recuerda gratamente por su increíble performance en el Washington International de 1955. Venezuela le brindó el honor de representarla en tan importante competencia con el argentino El Chama y no nos defraudó pues ganó en llegada fotográfica a Préndase, también representante de los colores patrios con el legendario jockey Angel Gutiérrez "El Colorao". Triunfaron sobre la flor y nata de los jockeys del mundo como Eddie Arcaro, Johnny Longden, Willie Shoemaker y Lester Piggott.

En el marco del Washington International: Piggot, Guerin, Bustamante, Arcaro, Longden, Gutierréz, Johnstone y Shoemaker

Fue designado como Comisario el 21 de marzo de 1979 y el 8 de abril del mismo año se le organizó un homenaje, quien en medio de una gran ovación, se despidió del público, dando una vuelta a la pista sobre el ejemplar Ch Cum Laude, luciendo los colores de El Chama. El venezolano lo bautizó con el apelativo de "Mano e' Tigre" (Ese apodo se debe a Don Enrique Acosta Clausel, gerente del hipódromo, que tenía una yegua llamada Lisonjera con Manuel Suárez y siempre llegaba segundo tras segundo, me dijo para montarla y lo hice. Gané la carrera y de allí surgió el famoso calificativo), se convirtió en un coloso conduciendo a los animales en punta, estilizó la manera de "torear" al rival en cualquier tramo de la competencia y un sinnúmero de habilidades. Sin dudas es un jockey muy querido y seguirá así mientras exista la afición por la hípica en Venezuela.

En su homenaje con el presidente del INH del momento, Eduardo Larrazabal.

Fuentes y Fotografías: Diario El Nacional, Club de Anécdotas Hípicas Venezolanas, Lic. César A. Rivero, Revista Prismático (Perú), Revista Hipodatos.

Anécdotas Hípicas Venezolanas, jueves 12 de Julio de 2001
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