Anécdotas Hípicas Venezolanas presenta

Ramón Rotundo Mendoza

Por Juan Macedo

 

Don Ramón Rotundo Mendoza había nacido en Guacara, Estado Carabobo, el 2 de febrero de 1887, contrajo enla­ce con Doña Luisa Talavera, de cuyo matrimonio nacie­ron cuatro hijos: Luis Alejandro, Ramón, Gustavo y Alfredo. Su nombre brilló en la época en que el hipis­mo en nuestro ambiente tenía más calamidades que alegrías, ya que prestó su más amplio apoyo personal; sus conocimientos, su entusiasmo y sobre todo su anhelo, puesto de manifiesto durante largos años para que el gran deporte subsistiera a pesar de todo que por muchos años tuvo que so­portar. Y lo hizo siempre dándose por entero a las labores que le encomendaron y que supo desempeñar con toda eficiencia y con toda honradez, y así su nom­bre, al frente de los más variados cargos directivos, fue garantía de progreso y de absoluta imparcialidad.

 

Incorporado muy joven a la pléyade de auténticos hípicos que en la época de las vacas flacas se empeñaron en transformar en la de las vacas gordas, Don Ramón Rotundo Mendoza, fue siempre el hípico desinteresado y generoso que puso a la disposición del turf su tiempo disponible, sin que jamás obtuviera remuneración alguna y lo que es más encomiable, conjuntamente con algunos de sus íntimos amigos, ligados al turf, entregando de su bolsillo para solventar necesidades urgentes de escasa monta, pero de imprescindible recurso para que aquellas breves temporadas pudieran iniciarse y llegar a feliz clausura.

 

Ligado con lazos de amistad indestructible con otros hípicos de aquellos días y cabe mencionar aquí los nom­bres de dos pioneros: Don Celestino Martínez y Don Fernando Talavera, eran famosas sus tenidas en la Oficina de la esquina de San Francisco, discutiendo y buscando fórmulas para que el turf lograra sobrevivir, sin que el lucro fuera la meta de sus aspiraciones… y cómo podía serlo si el presupuesto mensual asignado a la Junta Directiva del Hipódromo, en un decreto del Po­der Ejecutivo, alcanzaba a la fabulosa suma de Bs. 780,00 para Secretario, alquiler de casa, teléfono, portero, alumbrado y gastos generales.

 

El record de actividades de Don Ramón Rotundo Mendoza, dentro del turf, abarca todos los conceptos me­nos el de propietario; por la misma índole de sus cargos, se abstuvo de tal actividad y no por que le faltara opor­tunidad, pero quien como él fue Juez de Peso, Comisario, Handicapper único -vale decir con plenos poderes- Ad­ministrador del Hipódromo y Tesorero de la Junta Direc­tiva y siempre sin remuneración alguna y dedicando las horas libres, las que le permitían un elevado cargo que desempeñaba en el Ministerio de Relaciones Exteriores, donde trabajó durante 35 años. Estas horas libres estuvie­ron siempre al servicio del deporte, que comenzaron en 1914 y a las que puso fin cuando el turf comenzaba a marchar sobre bases firmes que él había ayudado a construir.

 

Retirado de toda actividad, en sólo dos ocasiones hizo acto de presencia en La Rinconada para ver triun­far en ambas a la magnífica yegua Pensilvania, propiedad de su hijo Gustavo Rotundo Talavera, al adjudi­carse los eventos Clásicos Simón Bolívar y Clausura en la Temporada de 1959.

 

Don Ramón Rotundo Mendoza falleció en Caracas, donde reposan sus restos, el 4 de enero de 1962. Y cabe decir que Don Ramón Rotundo Mendoza estampó en cada uno de sus actos el sello inconfundible de su disciplina, honradez y capacidad administrativa y así, durante su larga actuación, se constituyó en una de las figuras más conocidas y respetadas de nuestro hipismo.

 

Fuentes: Revista La Fusta, Revista Gaceta Hípica, Diario El Universal.

 

Anécdotas Hípicas Venezolanas, jueves 06 de diciembre de 2007

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